Seguro que la lista de las “cosas” que uno olvida al viajar en familia podría ser un poco más extensa, pero nos ha parecido que estas 10 son las que (posiblemente) olvidarás antes y durante el viaje, al menos nosotros lo hacemos con bastante frecuencia. ¡Somos terribles!
- Hacer la maleta de forma eficiente.
- No pierdas de vista a los niños, la seguridad ante todo.
- Ten paciencia.
- Busca destinos que se adapten a los niños.
- Organiza actividades para ellos.
- Desconecta digitalmente.
- Acércate a otros niños, interactúa con los lugareños.
- Baja el ritmo, deja tiempo para el descanso.
- Cambia el chip: para viajar con ellos, disfruta como ellos.
- Haz oídos sordos de comentarios y críticas externas.
1- Hacer la maleta de forma eficiente. Mi padre siempre me daba el mismo consejo antes de un viaje largo: “cuando tengas hecha la maleta, quita la mitad de ropa y lleva el doble de dinero”. Sin duda, era un consejo chistoso para evidenciar la inutilidad humana de ser eficientes a la hora de hacer una maleta de viaje, largo y corto. En cuanto a lo de llevar el doble de dinero, muy difícil, en la mayoría de los casos. No voy a entrar en valorar el checklist de las mil y una cosas que llevamos para este viaje: medicinas y botiquín para casi todo (menos bisturí y morfina…), cosas para la peque (de todo tipo y necesidades múltiples), aparatos electrónicos y cables a punta pala, etc, ah… y ropa. Aquí está el tema, la cantidad de ropa. Hemos sido capaces de dejar en Madrid varias cosas, pero se nos ha olvidado por completo que uno puede lavar ropa durante el viaje e incluso comprar ropa si la necesitamos. Lo peor es que no aprendemos y la siguiente vez que hagamos la maleta… ya sabéis lo que ocurrirá. Hacer bien la maleta es una cuestión de llevar mucha menos ropa, principalmente, aunque supongo que para unos Instagramers que se precien, igual es imprescindible llevar los mejores trapos siempre encima, no sé. ¡Ya nos vale!
2- No pierdas de vista a los niños, la seguridad ante todo. Esa frase típica de “lo perdí de vista 5 segundos, solamente” que en casa puede suponer una caída o un accidente casero, de viaje puede resultar bastante doloroso. Más aún en países donde las costumbres y la seguridad son distintas a España. En muchos países conducen como locos y en muchos otros los maleantes hacen cualquier cosa para conseguir unos euros: cual-quier-co-sa. Así es que, que no se nos olvide que la seguridad civil es tan importante como la sanitaria y que tampoco nos perdonaríamos haber tenido un susto de viaje con nuestros hijos mientras intentábamos regatear 2 míseros Euros en una tienda de artesanía o nos hacíamos la “super foto“ al borde de un acantilado. ¡Ay, caramba
3- Ten paciencia. Si somos de los que se nos olvida tener paciencia en el día a día de nuestras vidas tecno-cotidianas, ajo y agua, pero no tener paciencia durante un viaje en familia es garantía de mucha tensión y malestar familiar. Además del estrés propio de la organización y el desarrollo de un viaje, está claro que los niños, niños son y así será allá donde vayan. Se nos olvida tomarnos las cosas con más calma y disfrutar de todos los imprevistos del viaje. Curiosamente solemos recordar con mucha más intensidad todas aquellas anécdotas que se salen de lo organizado y que, algunas veces, incluso tienen que ver con que algo salga mal. Hay que intentar tener paciencia con nosotros mismos, con nuestra pareja y, sobre todo, con cada uno de nuestros hijos. A ver cuánto tiempo lo recordamos una vez publicado este post. ¡Oh my!
4- Busca destinos que se adapten a los pequeños. En nuestro caso, con una niña de menos de 2 años, se nos olvida que necesita andar mucho y hacer ejercicio, echarse una siesta, evitar climas extremos, viajes demasiado largos sin poder moverse, comidas demasiado exóticas, etc. Cuando planificamos el viaje, tenemos la tendencia a pensar en nosotros dos, primero y en ella, después. La parte buena es que solemos corregirlo en el destino, me explico: si tenemos pensado pasar 1 semana en un sitio y nos gustaría hacer un super tour cada día, seguimos la norma de la mitad de ropa a raja tabla y hacemos mucho menos de lo que teníamos pensado. Intercalamos actividades más tranquilas y más sencillas, como pasear por la ciudad en cuestión, ir a un parque para niños y echar la mañana, ir a un mercado local o bailar un rato escuchando música callejera. Es posible que la conclusión no sea elegir un buen destino para ellos sino qué hacer en cada destin
5- Organiza actividades para ellos. En la línea de lo anterior, descubrir los destinos cómo si los hubieran organizado nuestros hijos podría ser algo muy interesante. Si somos generosos con ellos, ellos lo serán con nosotros. Se nos olvida hacernos la pregunta: ¿Si yo fuera mi hijo, qué haría hoy en este sitio? Podemos preguntarles y llegar a acuerdos con ellos, quid pro quo, estoy seguro de que todos ganamos con esta forma de organizar los viajes. También creemos que hay que intentar ser creativos a la hora de organizar actividades para los peques, por su bien y por el nuestro, puede que sus elecciones y las nuestras coincidan mucho más de lo que creemos.
6- Desconectar digitalmente, por el bien de todos. Creemos que para no olvidarse de este punto crucial hay que hacer trampas. Trampas en el sentido de que “para dejar de fumar, hay que dejar de comprar cigarrillos”. Nosotros hemos decidido no comprar tarjetas SIM durante el viaje y solo conectarnos a la wifi del hotel cuando estemos allí. Al menos conseguiremos entre 10 y 12 horas de desconexión digital diaria. No desconectar digitalmente supone potenciar el efecto nocivo de casi todos los otros «olvidos». A ver durante cuánto tiempo recordamos no comprar una SIM, con la excusa de que sin Google Maps, Uber, Instagram o que sin las reseñas de Google no se puede andar por el mundo. ¿Os parece muy atrevido? Si es que… estamos fatal, ¿cómo narices van a aprender estos niños a desconectar digitalmente, aunque sea un poquito?
7- Acércate a otros niños, interactúa con los lugareños. Además de hacer fotos chulas y ser la envidia del barrio, viajar es muchas otras cosas. Viajar es conocer otras culturas, disfrutar de otros olores, de otras comidas, de otra luz y de sensaciones distintas a las ya conocidas. Muchas veces se nos olvida que lo más importante para conocer otras culturas es interactuar con personas que viven realidades muy diferentes a las nuestras, niños incluidos. Para relacionarnos con gente, para que Noah interactúe con otros niños, hay que tener tiempo libre. Si vamos con una agenda super apretada, como mucho hablaremos con el guía o el conductor que nos lleva de aquí para allá y tampoco parece la relación más genuina. Si tu hijo juega con otros niños del lugar, seguro que aprende a ser más tolerante y tendrá una mente mucho más abierta.
8- Baja el ritmo, deja tiempo para el descanso. Al redactar este punto no dejo de pensar en eso de “ser más productivo” y en el concepto de “perder el tiempo”. ¿Es más productivo quién trabaja 14 horas al día, a pesar del cansancio y la falta de concentración, o aquel que dedica 6 u 8 horas al día con una mente descansada y fecunda? Por otra parte, ir más despacio y estar más tranquilo: ¿significa perder el tiempo? Para viajar bien en familia, como para hacer bien muchas otras cosas en la vida, hay que hacerlo a un ritmo adecuado y con el cuerpo y la mente lo mas descansados que sea posible. El ritmo y el tiempo de descanso lo marcan los miembros de la familia: no es lo mismo viajar con un bebé que con niños de 10 años. La vida se disfruta más saboreando cada momento y no engulléndolos, como tantas veces hacemos. Se nos olvida masticarlos.
9- Cambia el chip: para viajar con ellos, disfruta como ellos. Hay muchas cosas que cambian cuando nos convertimos en padres y viajar es una de ellas. Antes uno hacía y deshacía a su antojo: dónde ir, qué hacer, cuándo entrar y salir, por cuánto tiempo, cuántas horas dormir, etc. Ahora es muy diferente y no por ello menos interesante, es más, igual aprendemos a viajar de otra forma más flexible y nos sorprendemos del resultado, pero antes o durante el mismo viaje hay que cambiar el chip sí o sí: es imprescindible. Comprender e interiorizar que los viajes en familia son distintos, que el ritmo es otro y que las expectativas y las necesidades también lo son. No es fácil encontrar momentos para uno mismo y para la pareja, pero también hay que intentarlo. Aprender a viajar como niños es asombrarse con cada experiencia nueva, exprimir al máximo el viaje a la vez que descansar lo necesario y no estresarse demasiado. C’est la vie!
10- Haz oídos sordos de comentarios y críticas externas. Como en la moraleja del cuento del padre, el hijo y el burro: “da igual lo que hagas, igualmente hablarán mal de ti” Así es que, no te cortes y haz con tus hijos lo que consideres oportuno, visita y come lo que os apetezca, publica las fotos que te parezcan adecuadas y cuenta las anécdotas y las sensaciones de tu viaje como te salgan. Viajar también es esto, puntos de vista y sensaciones distintas según quién las viva. Se nos olvida constantemente que somos los dueños de nuestras vidas y que los que no viven así, son esclavos de la opinión y prejuicios ajenos. Como siempre me dice un buen amigo: los comentarios que no aportan, mejor ignorarlos.
Y poco más que añadir, ah sí, recordar que todos y cada uno de estos puntos se repetirán una y otra vez y que se nos olvidará no cometer los mismos errores. A no ser que aprendamos a viajar y a vivir como Dios manda. Allá cada cual y con su Dios.
XOXO
Nacho, Jaquie y Noah
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