Nosotros lo tenemos muy claro: hay 3 enseñanzas clave que uno debería trasmitir a sus hijos para que las probabilidades de que tengan éxito en la vida aumenten significativamente. Pero, ¿qué es el éxito para nosotros? Muy sencillo: ser feliz y tener serenidad el mayor número de momentos posibles. Y si a los hijos les va bien, la paz mental y el alivio será el de los padres. ¡Menuda inversión!
Aunque nos parezcan obvias y elementales, estas tres enseñanzas básicas no son tan habituales, especialmente la segunda y la tercera. Es increíble que estas enseñanzas no estén más extendidas, ¿puede que haya algún interés oculto en que así sea?
Seguro que reconocéis perfectamente los nombres de cada una de estas enseñanzas y esperamos que nuestro Tip Familiar de esta semana os sirva para algo, aunque solo sea para remover un rato la mente, que nunca viene mal.
Por este orden y para trabajar en ellas desde edades más tempranas:
- Educación emocional. Conseguir cualidades emocionales y utilizarlas para guiar nuestro pensamiento y nuestra conducta, adaptarnos a la sociedad y conseguir nuestros objetivos (lícitos y virtuoso). Se debería potenciar desde el primer día. A continuación explicaremos nuestras propias enseñanzas y lo que esperamos para nuestros hijos.
- Educación financiera. Conseguir habilidades que nos permitan tomar decisiones sobre nuestros recursos financieros: cómo ganar dinero, cómo administrar la economía doméstica y, muy importante, cómo invertir nuestros ahorros en el largo plazo. Aunque hay niños muy precoces que lo aprenden rápido (como Warren Buffett que lo llevaba en la sangre – su padre era broker), creemos que a partir de los 10 o 12 años se pueden ir enseñando los conceptos más básicos, que no distan mucho de los aprendizajes que un adulto debería adquirir. La educación elemental financiera debe ser fácil de comprender y de aplicar, y no hace falta ser un profesional en el campo para potenciar esta cualidad. Entraremos en detalle en el siguiente Tip Familiar.
- Educación espiritual. En este caso, nada tiene que ver con la educación religiosa. La educación espiritual permitirá a nuestros hijos ver la vida en un contexto más amplio y significativo para determinar qué camino es el más valioso para ellos. Lo desarrollaremos en la tercera parte de las tres enseñanzas para que tu hijo sea más feliz.
Primera enseñanza: la educación emocional empieza con la escucha activa
Existe un elemento muy importante para el desarrollo de una buena educación emocional: la escucha. La inteligencia emocional se refiere a la capacidad que desarrollamos para reconocer nuestras propias emociones y las de otras personas, diferenciar entre los distintos tipos de sentimientos, cómo etiquetarlos y gestionarlos adecuadamente. Esta inteligencia social no solo servirá a nuestros hijos para vivir mucho mejor sino que les ayudará a comprender y motivar a otras personas, pero, ¿qué es lo que más motiva a las personas? Hay muchas cosas que nos mueven en la vida, pero hay una que destaca por encima de todas ellas: a los humanos nos gusta que nos presten atención, además de que nos traten bien, con amabilidad y cariño. No hace falta abrir los ojos como platos ni asentir con la cabeza cada minuto que uno está escuchando, pero uno sabe cuándo se siente escuchado y apreciado, sin lugar a dudas.
Por otra parte, ser respetuoso y solidario con el prójimo o ser honrado y compasivo no significa alejarse del éxito personal y profesional, sino todo lo contrario. Empatía y competitividad no son excluyentes y el bien grupal se construye y se reparte entre muchos beneficiarios individuales. Nosotros no creemos en la meritocracia salvaje ni en el ascenso social. Puede que en algunos casos sea un camino con mejores resultados materiales, pero no creemos que merezca la pena llevar una vida así y pensamos que hay otras formas de llegar a las metas monetarias deseadas, como adquiriendo una buena educación financiera, por ejemplo.
El término inteligencia emocional empezó a ponerse de moda en los años 90 con la publicación del libro de Daniel Goleman y, en la actualidad, todos manejamos el concepto con mucha soltura, para describirnos o para enumerar las cualidades que destacan de nuestros hijos. Difícilmente encontraremos a un padre que no diga que su hija o su hijo tienen mucha inteligencia emocional. Aunque parezca fácil y casi todos pensemos que poseemos altas capacidades emocionales, no es muy habitual encontrar personas que las tengan, o esa es nuestra experiencia.
En definitiva: ¿ustedes creen que ser bueno, tiene premio? Nosotros sabemos que sí. Actuad y eduquar en consecuencia.
Las personas con un alto nivel de inteligencia emocional tendrán una vida más satisfactoria
- Primero y no muy habitual, los niños con altos niveles de inteligencia emocional escuchan con un interés verdadero y retienen la información recibida. Vamos, que han aprendido a mostrar de forma natural un interés por lo ajeno y no se les educa en lo mío mío mío a costa de lo tuyo tuyo tuyo.
Este interés también se puede replicar en muchas situaciones para conseguir los objetivos deseados: una o muchas conquistas románticas, disuadir a una persona o conseguir ganar unas elecciones. Sería algo así como un marketing camuflado que se puede entrenar, pero que no supera las bondades del interés verdadero integrado con el paso de los años en la educación. El lenguaje no verbal lo capta todo y es parte muy importante de nuestra inteligencia emocional.
- Los que escuchan de verdad reconocen las emociones propias y ajenas y, más importante aún, aprenden a gestionar las respuestas hacia ellas de forma satisfactoria. Las emociones son el puente entre el estímulo y la respuesta, entre el pensamiento y la acción. Si nuestras acciones determinan los buenos (o malos) resultados en nuestra vida y somos capaces de elegir nuestras acciones previo entrenamiento, es más que probable que tengamos una mejor vida. Para entendernos, si cada vez que nuestros hijos nos molestan acabamos con un grito o algo peor, ¿qué van a aprender ellos? Este tipo de Acción – Reacción no gestionada puede aplicarse al trabajo y a la vida personal.
- Los niños, y los mayores, con grandes cualidades emocionales también se adaptan mucho mejor a los cambios que les brinda la vida. Salen de su zona de confort, se arriesgan más, etc. La teoría nos la sabemos todos, pero la práctica es necesaria para el desarrollo de esta cualidad aptitud: viajar sería una muy buena forma de hacerlo. ¡Jump, jump, jump!
- Tienen confianza y seguridad en sí mismos y alta capacidad de auto motivación para lograr sus objetivos en la vida. ¿Cómo hacemos que los niños ganen seguridad en sí mismos? Queriéndolos mucho y pasando tiempo con ellos, para empezar. Un amigo letón me contó una teoría que me encanta (no sé de quién es, pero se podrá buscar en Google): durante los primeros 7 años de vida de tus hijos, dales mucho amor, en los siguientes 7 años, edúcalos y en los 7 años que siguen, de los 14 a los 21 años, sé su mejor amigo. Después, observa y… wish for the best.
- Comprenden los sentimientos de los demás, manejan mejor las relaciones y tienen poder de influencia para conseguir cambios positivos en su entorno y, por lo tanto, en su propia vida. Esos hijos caen bien y parten el bacalao de forma natural.
Escribía S. Covey en su libro “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” que existe un espacio entre el estímulo y la respuesta y que en la gestión de ese espacio reside el secreto de la felicidad.
¡Buena suerte con la crianza!
XOXO
Nacho, Jaquie & Noah
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